Info
Lakabeko herria, herri berezia da. 80. hamarkadan gizarte hobeago baten bila hainbat lagunek abandonatuta zegoen herri ahu berpiztu eta bizi berria eman zioten, naturarekiko eta jendearen arteko harreman zuzenagoa bilatuaz. Urte guzti hauetan, hainbat alditan egon naiz Lakaben musika eskainiaz. Egia esan, iritsi bezain pronto konturatzen zara herri desberdina dela eta gauzak desberdin antolatuta daudela (zorionez kasu askotan). Jendearekiko harremana ere oso goxoa izan da beti eta oso ondo tratatu gaituzte (leku gehienetan bezala :-)
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Ongi etorri Lakabera (arg: bielaytierra.com)
Horietako aldi batean kultur etxe edo areto gela antzeko batean aritu ginen. Argi generadoreari lan berezia eskatu genion gure soinu ekipoaren gosea zela eta baina ondo atera zen dena. Hernaniko beste lagunekin ere aritu ginen, Ania kantautorea dut orain gogoan...
Joan nintzen azken aldian berriz, karpa moduko bat antolatuta zeukaten. Mad Max pelikuletako borroka gunearen itxura zuen baina bertan, pelikulan ez bezala, maitasun giroa zen nagusi. Arratsaldez zen ekitaldia eta Jordi eta Txino breakerraren konpainian aritu ginen eta jendea gustora dantzan. Ondoren zetozen beste ekitaldikoak kezkatu ziren jendea dantzan gehiegi aztoratuko ote zelako eta ondoren bideo proiekzio eta txarla bat zegoelako :-)

Kupula antzeko horretan aritu ginen musika eskeiniaz. (Arg:natiquiro.com)
Irudirik ez dugu zoritxarrez...
Eskerrik asko Txino eta Lakabeko lagun guztiei. Jarraitu bide eder horretan...
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Horrela aurkezten zuten euren webean:

Lakabeko bidezka...(Arg:natiquiro.com)
Lakabe, experiencia comunitaria
COMUNIDAD DE LAKABE
¿Qué nos pasa cuando nos ponemos a vivir en grupo? Algunas respuestas tras 27 años dedicados a experimentar con las posibilidades de transformación.
Lakabe nació en la primavera de 1980. Las personas llegamos de muy diversos sitios y comenzamos a vivir de una manera más bien caótica. Esto nos preocupaba, porque realmente los días eran difíciles de vivir y las asambleas eran un cúmulo increíble de sensaciones y emociones que amenazaban la supervivencia del proyecto. Nuestra idea era la de construir una minisociedad y ver qué pasa cuando pones en práctica todas esas locas ideas de “la tierra para quien la trabaja”. Por eso ocupamos Lakabe.
Era un pueblo abandonado y lo tomamos para darle de nuevo vida y color. “Cada cual da según sus posibilidades y toma según sus necesidades”, muy bella frase aunque muy difícil de vivir hasta sus últimas consecuencias. De repente te dan ganas de medirlo todo, reclamas igualdad, cuando en realidad lo que pasa es que te sientes mirando todo lo que hacen el resto de las personas, valorando si esto vale tanto como aquello y un largo etcétera de ideas ponzoñosas que surgen de dentro como un volcán. Ahí se toma conciencia de lo contaminad@s que estamos por dentro y lo sacamos fuera lleno de moralina disfrazada de justicia.
¡Qué mogollón hay ahí! Cuesta años desenredar todo ese sistema de creencias que nos hace ser tan ruines. Detrás, como por arte de magia, está un mundo esperándonos, un mundo fecundo y generoso, libre, sencillo, austero. Atento a las personas, atento a la naturaleza, a las criaturas. Es el comienzo de una nueva fase más consciente. Desde aquí se puede construir un vida cotidiana enfocada en la transformación, el cambio, la resolución de conflictos y las relaciones humanas.
Sabemos que una decisión forzada nos traerá problemas en un tiempo más bien corto, así que procuramos tomar las decisiones cuando todas las personas están convencidas de la decisión que vamos a tomar. Avanzamos todas las personas juntas, aunque cada una tiene su trabajo, su área de responsabilidad, su espacio íntimo desde el que relacionarse con el resto. Es como una danza entre lo colectivo y lo individual, continuamente. Construir una ecoaldea es una labor que dura toda la vida y que implica todas las facetas de la persona y del grupo, pues tiene también una dimensión social: cómo se organiza el grupo. Hay momentos en que la tentación de prohibir es fuerte, o la de dirigir, o la de privatizar...
Cada vez que el grupo se enfrenta a un reto y no sabe qué hacer, lo primero que surge es lo conocido y por desgracia aquí hasta hace muy poco sólo hemos conocido la dictadura y todos sus sistemas derivados, incluido el educativo.
Por ello siempre hay que permanecer alerta, pues el sistema y el patriarcado se cuelan por espacios ínfimos, y cuando buscamos soluciones siempre están ahí, ofreciéndonos el producto de sus miedos y limitaciones. Ofreciendo violencia para resolver las diferencias, autoritarismos para resolver las situaciones caóticas, control ante los momentos de vacío y vértigo, que son muchos y hay que pasar por ahí, no se puede atajar, son fases a pasar íntegramente. Hay que desembarazarse de todo ese material de ideas preconcebidas y de un sistema de valores muy deteriorado.
En Lakabe nos hemos tomado el tiempo de vivir todas estas situaciones, de experimentar con ellas, de observarnos y observar. Mientras levantamos casas, cultivamos los campos, en las asambleas, en la relación con el vecindario, cuando damos a luz, cuando criamos a nuestras criaturas, cuando hacemos las cuentas, cuando comemos, cuando elaboramos conservas, cuando cuidamos el ganado. Estamos atent@s para sentir que lo que hacemos es realmente lo que queremos hacer y asumimos lo que ello conlleva. Vivir en grupo, en comunidad, es vivir en plural, es darle importancia al nosotr@s y comenzar a ver el mundo desde la totalidad que somos.
Lakabe, un precioso pueblecito de piedra del valle del Arce, en el prepirineo navarro, fue abandonado por sus habitantes, al igual que otros muchos pueblos, en los años setenta por la ilusión engañosa de una vida mejor en la ciudad y ocupado hace 24 años por un puñado de soñadores que con el tiempo demostraron que su utopía podía ser realidad. Desde su privilegiada situación, en una ladera de bosque bajo de encinas, orientada al Sur, como mandan los cánones de la lógica y de la supervivencia, se divisa como una herida la locura humana del pantano de Itoiz que poco a poco va anegando el dolor. Sus gentes de ahora, unas 35 personas, van reconstruyendo el pueblo poco a poco, dándole vida. Por donde antes paseaban sólo los recuerdos ahora se ven niños y jóvenes. Sus habitantes viven de la ganadería y de un exquisito pan que exportan a muchos rincones con el sabor de la montaña y de las manos Silvie, la panadera. Pasan sus vidas autoabasteciéndose, recogiendo leña, cultivando sus huertos, atendiendo el ganado y luchando por no ser engullidos en una depredadora sociedad.

